Alek cumplió 18 años en la carretera, en Navidad, en Tailandia, entre una isla y una clínica de longevidad. No hubo ceremonia. Casi nunca la hay.
No quería estar delante de una cámara cuando salimos, y no creo que tuviera muchas ganas de estar detrás de una tampoco. Así que le di el puesto sin más: él sería el videógrafo principal, no yo. Lo aprendió con tutoriales, en habitaciones de hotel, entre parada y parada, y para cuando llegamos a Hong Kong ya era bueno. Al final del año manejaba la cámara mejor de lo que yo la manejaré nunca, y era mejor fotógrafo de lo que ninguno de los dos esperaba. Algún día me gustaría publicar sus fotografías en un libro.
Después llegaron los escenarios. Shanghái, diciembre de 2023, la conferencia TimePie: subió conmigo y dijo un par de minutos sobre quién era y qué estábamos haciendo. Cuando terminó mi charla, la cola que se formó no era para mí. Era para él. Algo cambió en aquella sala y nunca volvió atrás. Singapur, febrero de 2024, la Universidad Nacional: la sala llena y miles más siguiéndolo en línea, y mi hijo contándoles durante cinco minutos qué hacíamos y por qué. Copenhague en agosto, con 18 años, en el escenario de la ARDD a mi lado durante toda la sesión. Varsovia en septiembre, su primera entrevista en televisión nacional, y se le dio mejor que a mí.
Ahora tiene 19 años, estudia en Amsterdam, vive su propia vida, y es su voz la que lleva la película. Si quieres saber qué aspecto tiene un rito de paso cuando nadie celebra una ceremonia: es un chico que en agosto no quería que lo filmaran y que, en diciembre, decide que tiene algo que decir.
Tres palabras para quien es ahora. Valor. Inspiración. Amor.